28 mayo 2008

Acabo de leer la historia de Elvira, una española aquejada de una rara enfermedad, la MSC (Sensibilidad Química Múltiple) que la ha mantenido recluida en una clínica americana bajo tratamiento. Después de meses ha de regresar a España y ha de hacerlo en un avión privado y precintado, para que su lucha con la enfermedad no de un paso atrás después de más de medio año en Dallas. Parece ser que ni Asuntos Exteriores ni el Gobierno de Valencia se hacen cargo del asunto; unos piden ayuda al consulado español en Huston, los otros se hará cargo del tratamiento una vez que Elvira retorne a casa, si es que retorna y aún así deberá vivir en una burbuja de cristal, una casita ecológica al lado del mar que le han preparado. Son muchas las precauciones que hay que tener al acercarse a ella, el simple olor de una colonia puede matarla, así que convive con mascarillas, gorras y gafas de sol.
Pero lo que más me ha impresionado y conmocionado de toda la historia, son sus palabras: Lo que más echo de menos son los abrazos.

A veces sobran las palabras, a veces un simple abrazo dice más de lo que diría todo un discurso. Porque los abrazos tienes la facultad de curar los corazones dolidos, de secar las lágrimas, de decir mucho con su simple gesto. Consuelan, agradan, protegen...

Uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que lo ha perdido, y yo, echo de menos tus abrazos

5 comentarios:

Vulcano Lover dijo...

Ay... no debemos dejar que pase tanto tiempo si nabrazarnos...

Uno dijo...

Uno ha perdido ya mucho y se ha dado cuenta de ello, incluso en ocasiones se ha dado cuenta mientras lo perdía.

Los abrazos son mágicos. Incluso que un dédo ajeno busque entrelazarse con uno tuyo de mucho. Es una sensación que no cambio por nada.

Javier Herce dijo...

Buff, yo no podría vivir sin mi dosis diaria de barazos...

Este viernes no voy a poder, proque el sábado madrugo, pero podemos quedar el sábado a tomar algo a eso de las once o así, no?

Alx Atwaters Daza dijo...

Las palabras son abrazos, que nos lo digan a nosotros :)

Me ha encantado la fotografía, aaahhh, y espero leer esa historia sangrienta, y, bueno, yo estos días estoy enganchado... :) :)... también a los abrazos.

Sniff, sí que se echan de menos.

Eey, me gustan las piedras azules. Un cielo empedrado.

Vaya, igual esa no es la expresión, porque sería bastante inquietante, pasear bajo un cielo empedrado. Y si camináramos por encima, más inquietante aún, porque... ¿qué habrá debajo?

El cielo está debajo, eso seguro :)

Me ha recordado eso a un libro de Doris Lessing, que dice "un viaje hacia el interior", de nosotros mismos y de vuelta hacia alguien más.

Muchas gracias por tu comentario, ¡y por todo lo demás! Y que, volveré, dijo él mientras el viento ondeaba su capa.

Claro que la capa la lleva Marichalar y el hombre ese horroroso de fin de año... así que, casi mejor no.

Abrabesos desnudos

Mart-ini dijo...

Yo también....

:'(