Nunca una viaje en viernes 13 había sido tan largo. A las 14:45 recogí la mesa del trabajo y me fui a la estación de buses que me sacaría de aquí durante un fin de semana, miré las pantallas para ver desde que dársena salía mi autobús, destino: Miranda de Ebro, directo (juas)… -Es el de Irun, dársena 34, sale en 5 minutos.- me dijo la chica amablemente. Asiento 14, pasillo. No pude elegir otro ya que el bus iba completo, o casi. El conductor al salir dijo que por favor nos abrocháramos el cinturón (obligatorio desde la ley de …) y permaneciéramos en nuestros asientos, ya que iríamos recogiendo gente a lo largo del camino (uffff, esto promete ser largo y aburrido). La película; típica del los buses, ni la v

i, ni la oí y el viaje fue transcurriendo entre música del MP3 y sueños (y ronquidos, seguro). Parada en Aranda, en Burgos (media hora de entrada por el atasco de la hora punta, 10 minutos de descanso y otros 10 de salida) en Briviesca y no sé si en algún sitio más, ya había perdido la cuenta, las ganas, la paciencia, eran las siete y media y salíamos de la autopista por Pancorbo para que finalmente el autobús me dejara ahí tirada a la entrada de Miranda. Menos mal que Ramón y Mónica estaban por allí para recogerme. Llegábamos al pueblo de Santurde ya anocheciendo.

El resto ya lo habían recorrido, se habían tomado una cervecita en uno de los dos bares y estaban tranquilamente esperándonos en casa. Saludos, besos, abrazos ¡¡¡que ganas!!! una cervecita con algo de picar en el saloncito, la casa era (es) muy coqueta. Después de un rato de charla se decidió por unanimidad hacer barbacoa. Choricillos, salchichas, morcilla, pollo, patatas y pan, todo ello cerveza en mano. Lo más extraño/curioso/divertido es que la barbacoa estaba dos casas más allá al otro lado de la calle en

vez de estar en el cuco patio que tenía nuestra casa, pero no nos importó y eso que nos pasamos la noche calle arriba calle abajo y saludando a los vecinos que pasaban y nos daban las buenas noches. En un plis recogimos todo y nos acomodamos en el salón con el afamado “zumo” de naranja de Tomás y nos dispusimos a jugar a las películas: chicos contra chicas. La primera película de Luis en la frente. ¿Quién sabe como se representa el efecto de los rayos gamma sobre las margaritas? ¿Quién sabe cual es ese efecto? Y así estuvimos un par de horas entre risas, desesperos, copas, humo, gritos…
Mª Carmen y Arantxa ya se habían despertado cuando bajé al comedor. El café estaba hecho, la mesa puesta, las tostadas preparadas… ¡¡¡estas chicas son una joya!!!

Uno a uno fueron apareciendo los demás, se ve que a la resaca el olorcillo del café le venía bien. Desayuno entre más y más risas, recogida de platos mientras unos se duchaban. Así da gusto, un buen trabajo en equipo. La primera parada para el poteo en el mismo pueblo, luego dirección Santo Domingo de la Calzada. Dimos una vuelta, había mercadillo de hermandad entre los pueblos o algo así. A la catedral no nos dejaron pasar, se estaba celebrando una boda. Acabamos en

una terracita picoteando algo para llenar un poco el estómago ya que a las cuatro teníamos que estar en la bodega. Vuelta a los coches con un calor de justicia y dirección Briones. Llegamos a la bodega. Lo primero ver el museo, lo que nos diera tiempo ya que el curso de carta era a las cinco. María y Luis se quedaron fuera ya que ella se había mareado en el coche. Menos mal que después del curso ya esta mejor y pudo, aun a matacaballo, ver la exposición. 2 cosas fueron las que más me llamaron la atención el
porr
ón de Alicante sigo XX, entre copas y jarras de siglos y siglos de antigüedad, tanto de terracota como profusamente labradas. Y el vídeo de cómo se fabricaban antaño los corchos de las botellas a mano, una producción en la que actuaba toda una familia, el vídeo está hecho de tal manera que ves y sientes como era el proceso; lento y tedioso, luego la imagen se fundía para mostrarte como se hacen actualmente, un proceso más rápido frío y menos personal. La exposición de obras de arte: cuadros esculturas, etc, todas con representaciones al vino, no la vimos, pero si la colección INMENSA de sacacorchos. Tras el museo nos dieron una copita de vino tinto ante la cual pudimos probar nuestros conocimientos tras el curso de cata.

El curso fueron dos horas de explicaciones amenas, en las cuales fuimos probando y degustando siete vinos. El profesor, etnólogo de la bodega, nos iba dando pistas, educando la nariz como decía él; que la tenemos bastante atrofiada y aunque pareciera que nuestra mente identificaba olores y sabores, el cerebro era incapaz de formar una imagen concreta hasta que él no nos la decía. Como cuando nos dio a oler una fruta que no identificamos, pero él al decir Sugus, todos supimos cual era el color en el que estaba envuelto dicho Sugus. He de decir que en el examen no di ni una, jajajaja, aunque en la cata ciega; sólo de olor, sí.

La verdad es que se me hizo corto y me hubiera gustado estar una hora más allí aprendiendo un poco más.
Después del vinito, unas compras en la tienda, unas cuantas fotos, subimos al pueblo de Briones; había fiesta medieval. Todo el pueblo vestido, las calles, las gentes, las tiendas de la época. Me gustó porque yo nunca había estado en una fiesta medieval. Dimos una vuelta por un lado, una vuelta por el otro, hacia arriba, hacia abajo, vimos algún torneo y por decreto popular se decidió comprar pan he irnos a casa a cenar. Así da gusto, ir con gente y ponerse de acuerdo todos. Porque no suele ser fácil que 10 personas estén conformes. Chispeaba así que en vez de

hacer barbacoa, cenamos en el comedor. Luis como siempre, jefe de cocina. Oye! que se pone un delantal y no hay quien lo pare. Qué lujo de hombre, yo siempre lo he dicho, he de clonarlo en algún momento, jajajajaja. Unos ponían la mesa, otros lavaban lechuga, otros cortaban pan, otros cebolla, otros sacaban el lavaplatos y así, otra cena de colesterol a tope. Panceta, morcilla, filetes de lomo adobados y unas patatas al horno, todo regado con cervecita. Rico-rico. Después agotados a los sofás para dar cuenta del zumo de Tomás, esta vez en menos cantidad porque la noche anterior nos habíamos casi plimplado la botella de Vodka. Krutxe y yo nos fuimos a dar una vuelta por el pueblo, que estaba en la más absoluta calma, quitando algún ladrido de perro. Subimos hasta el torreón, hicimos fotos en una fuente, el cementerio lo dejamos para por la mañana ya que eran casi las dos de la mañana y hay que dejar a los muertos descansar. Así acabó el sábado.

El domingo Krutxe y yo queríamos aprovechar la mañana para ir al cementerio antes de irnos y ver de día lo que habíamos visto de noche. Cuando me levanté Ramón y Miguel ya estaban abajo. El primero se volvió a la cama, el segundo se fue a… ¡¡¡¡correr!!!! Preparé café, tostadas, abrí un plum cake (rico-rico) pasé por la sartén los cruasanes y de nuevo uno tras otro al olorcillo del desayuno

fueron apareciendo. Otro desayuno en petit comité. Ramontxu como ya había desayunado fue el último en aparecer con Mónica, Miguel no recuerdo si volvió a desayunar una vez vino de correr bajo la lluvia que había aparecido en el cielo. Krutxe y yo volvimos a andar lo andado la noche anterior con parada en el cementerio, donde estuvimos largo rato. ¿Puede ser que en el cuartito del cementerio hubiera un ataúd?

No lo sé, yo sólo hice una foto por el cristal roto para ver que había dentro. Volvimos a la casa para terminar de recoger todo, Ana la dueña nos hizo una foto a todos juntos y después de despedirnos salimos camino de San Asensio donde habíamos reservado mesa para comer. Poteamos un poco por allí y pusimos en marcha esos conocimientos de cata. Me parece increíble que en un sitio como La Rioja; tierra de vinos, te pongan un cosechero (malo) cuando pides un crianza. Para comer unas patatas a la riojana. Muy buenas, no sabía que eran así y me gustaron, más sencillas no pueden ser (Javier!!! Un día a ver si las haces y me invitas a comer y

de segundo, esa
peaso tortilla de patatas que tú haces) y unas chuletillas al sarmiento. No se puede decir que la comida fuera fastuosa, en peores sitios hemos comido la verdad. Después del postre y el café vuelta a los coches. La primera despedida, Ramón y Mónica partían ya para Bilbao-Santander. El resto a Miranda para que yo cogiera el bus de vuelta. Llamé a Uno para que me mirara como iba de lleno el bus, completo me dijo. Vaya chasco pero… en vez de venir un bus venían dos y me tocó en el segundo que iba más vacío y pude ir a mis anchas. Afortunadamente el viaje se me hizo menos largo, creo que sólo paramos en Burgos. Eso si, este bus, ni cinturones, ni película, ni baño, ni nada de nada, pero no me quejo.

La despedida no ha sido muy triste, porque el día 12 de julio nuevamente nos reunimos, esta vez para darnos un homenaje, que nosotros lo valemos. No me acuerdo del nombre del restaurante, pero a veces ni es necesario, lo más importante es estar con los amigos disfrutando del momento, de la compañía, de las risas, de esa gente a la que aprecias y quieres y no puedes ver tanto como te gustaría.
Sí, ese fin de semana puede decirse que ha sido un fin de semana
GRAN RESERVA, y ahora sí que hablo con conocimiento de causa.
Foto 1. Barbacoa en el jardín de los vecinosFoto 2. El salón de la casa EdulisFoto 3. El zumo de TomásFoto 4. Entrada de la bodega Dinastía VivancosFoto 5. HerreroFoto 6. Muerte del caballeroFoto 7. Campos de La RiojaFoto 8. Cena en casitaFoto 9. Desayuno de domingoFoto 10. Tumba con cruz en la esquina del cementerioFoto 11. ¿Ataúd?Foto 12. Casita de SanturdeFoto 13. San AsensioFoto 15. Todos frente a la casa Edulis, Ana la dueña hizo la foto.Foto 16. Aula de cata y los aplicados alumnos.