17 octubre 2007

Para coger el autobús...

...hay que correr un poco.

También hay que saltarse algún semáforo y no encontrar atascos en la carretera. Salir con tiempo también es importante, claro. Así pasó, que vi pasar ante mis ojos el autobús que me tenía que devolver de Córdoba a casa. Cuando pregunté en la estación del AVE billetes para Marid, el taquillero casi se descojona en mi cara. Jaén tampoco está tan bien comunicado con la capital, así que adiós a pasar unas horas con Mart-ini y Merka (cómo no cambiarme a mi por la Kidman) así que la solución fue salir a la 1 de la mañana en un autobús lleno de gente de vuelta a casa; como yo. Las tres primeras horas no pegué ojo, creo que luego agotada caí rendida hasta la entrada a la estación de Madrid. Una ducha y a trabajar. Asi acaba un puente en el que no he pasado de comer, beber y fumar. Amén de la ¿música? que se repetia de caseta en caseta de la feria de Peñarroya. Carlos y Agusssss nos esperaban en la estación de Córdoba, fuimos a casa de Carlos, dejamos las cosas y nos fuimos a comer algo, luego estuvimos en el salón hasta las 5 de la mañana de charla. Al dia siguiente desayuno tardío (una tostadita con jamón y tomate) y marchamos para el pueblo. Era más grande de lo que yo pensaba. Descansamos, comimos, nos tiramos en los sofás y camas y salimos a la noche a ver la pintoresca feria. Cacharitos en los que no monté, servicios inundados (que guarras somos las tías), música estridente allí y acá, subir y bajar la calle. Perritos tardíos con mostaza y a la cama antes de amanecer. El acostarse tarde implica levantarse tarde y pasarte todo el día perreando en el sofá. Comida, siesta, lectura y salir a cenar, para acabar nuevamente en la feria. Bailando juntos a dos novias y todos sus invitados emperifollados. Las casetas se pisaban la música y nosotros siempre nos encontrábamos con los mismos en los mismos sitios; no había otros donde ir. Cazadoras y calcetines perdidos y un millón de estrellas en el cielo. Vasos de piratas sin ron y sevillanas. Otro amanecer que casi nos alcanza y café mañanero fregando los platos. Una terraza sobre los tejados y las campanas que anuncian que el día ha llegado a su mitad, que hay que darse prisa para volver a casa. Lumbago y carretera. Olivos y más olivos. Semáforos en rojo y siete horas de espera para volver a mi otoño, tras haber vivido otro otoño.

7 comentarios:

Vulcano Lover dijo...

vaya peripecia... estarás muerta aún... jejeje.
En fin, pues es que eso es una feria de un pueblo del sur.
Descansa este semana para preparar tus vacaciones (que aún no me has dicho ni dónde te vas...) y darme uun buen abrazo prontito.
Besos.

David dijo...

Vaya, veo que el otoño por el Sur es bastante diferente, ¿mejor quizá?

Pasajero dijo...

Pinta bien tu puente ¿Me lo cambias?

Javier Herce dijo...

Por lo que veo, tenemos los dos muchas cosas que contarnos. Cuando nos pillemos......

Azul_oscuro dijo...

Suuuurrrr
Como de mucho suena a suuurrr!
Esas peripecias hay que vivirlas al menos una vez en la vida...sobre todo volverse a Madriz o de Madriz en bus cruzando la Mancha sin fin ;o)
muaaaaaa

luigi dijo...

Yo no vuelvo a pasar una madrugada en autobus, que luego me tiro todo el día muy malito... que te cuente Azul... jajaja.
Me alegro de que lo pasaras bien. Las ferias, es lo que tienen, sobre todo la de los pueblos, que siempre son mejores que las de las capitales.
Pero para mi acostarme tarde significa levantarme a las 1, ducha y feria de nuevo. Cualquier año pongo un puesto de turrones, para estar más tiempo en la fería.
Besos guapa!!! Y un abrazo fuerte, que se que los mios te gustan mucho...

Mart-ini dijo...

Ay que periplos!!

¿Y cambiarte por la d Kidman? No seas mentirosa

Jajajajajajajaja