11 septiembre 2007

Libro 5...

Se dejaba llevar por la vida, vagaba hacia donde ésta lo condujera, sin ofrecer resistencia. Hacía tiempo que sabía que la resistencia causaba dolor.

La soledad era lo único que había conocido; así pues, podía soportarla. Pero, tras haber experimentado la camaradería, el regreso a la soledad sería doloroso, devastador.

La mayoría de la gente cree que la muerte es el final de la vida, pero nosotros sabemos que es diferente, ¿no? La muete no es el final. Es el centro. Es el centro de la vida. Todas las demás cosas giran en torno a ella. La muerte no es lo más importante de la vida, lo más interesante, lo más misteriosos, lo más excitante que existe.

Llegará un día en que no querrás hacer algo que sea importante para mi, y lo harás sólo porque somos amigos.

Pensó que parecían los ojos de un vampiro: vidriosos, rojos, violentos, dos ventanas en un alma corrompida por la repetida satisfacción de deseos antinaturales.

No puedes confiar en casi nadie, hasta la gente a la que se supone que caes bien se puede volver contra ti antes de lo que te imaginas. Y hasta los amigos. Los que dicen que te quieren son los peores, los más peligrosos, de ellos te puedes fiar menos que nadie. Los que te dicen que te quieren te harán daño en cuanto se les presente la ocasión. Tienes que recordar siempre que sólo están esperando la oportunidad para atraparte. El amor es una trampa, una tapadera, un modo de pillarte desprevenido. No bajes la guardia. Jamás.

Tuvo la sensación de que aquel era un lugar del que debía mantenerse apartado a partir de aquel mismo momento, un lugar del que debía mantenerse apartado para siempre. Lo supo instintivamente, en un nivel profundamente animal.

Los adultos no temen a la oscuridad. Trató de caminar en la oscuridad, sin embargo, al igual que una marioneta gigante, necesitaba cuerdas de valor para conseguir actuar como un héroe, pero dentro de sí sólo pudo encontrar un hilo muy fino de valentía.

Se conocía muy bien. Simplemente, en su interior carecía del poder o de la voluntad para cambiar. Ese fue uno de esos momentos grises y demasiado frecuentes en que sentía desprecio de sí mismo.

Estaba temblando de forma totalmente descontrolada, de rabia y de miedo. Santía también otra cosa, algo oscuro y devastador, algo inquietante que la rabia, algo más extenuante que el miedo, algo más terrible, algo semejante a una tremenda soledad, pero muchísimo peor que la soledad. Tenía la sospecha..., no, la certeza... de que lo habían abandonado, olvidado, y que a nadie en el mundo le importaba ni jamás le importaría descubrir cómo era él en realidad y qué sueños tenía.
No le gusta que la gente llegue tarde. Dice que la falta de puntualidad es algo propio de personas egoístas y descuidadas.

¿Cuándo había sido diferente? En el pasado, cuando el mundo le parecía demasiado duro y dificil de aguantar, se limitaba a aislarse de él. Su habitación era un santuario, un hospital, un monasterio: lo curaba y le hacía sentir que él formaba parte de algo mucho más importante y mejor que la vida cotidiana. Estaba lleno de magia. Era su refugio y su escenario, el lugar donde podía ocultarse, tanto del mundo como de si mismo. Era un lugar para llorar, su iglesia y su laboratorio. El almacén de sus sueños.

Se encontraba deprimido; y, sin embargo, era conciente de un poder nuevo y desconocido que empezaba a brillar en su interior. No había llorado, y eso lo llenaba de orgullo. En aquel momento no existía en él lugar para las lágrimas; lo saturaba la necesidad de venganza.

3 comentarios:

Javier Herce dijo...

He leído dos libros de este escritor. Uno me gustó y el otro me pareció malísimo, así que no sé qué pensar de él.

Por cierto, ya hee scrto la crónica del atentado en mi blog!

NaT dijo...

A mi este no me ha gustado mucho Javier y eso que el reclamo de la frase de portada prometía. Es como si tuviera que entregar un manuscrito, se le acabara el tiempo y ha escrito cualquier cosa.
Los he leído mejores.
Ahora me paso a leer la crónica.
Un besote!!!!!

Mart-ini dijo...

ummmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm