Irguió la cabeza de la destreza,
recuperó la razón del corazón,
rehizo el ciclo de la ironía,
rechazó la maldita rabia contenida.
Resurgió a trompicones, liberó tensiones,
buscó la largura de su alma,
luchó por ensancharla.
y surgió la sonrisa dorada,
la luz de la vela apagada,
la espera complacida, la luna escondida.
Compartió, sin medida, la vida.
(KXT)
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